miércoles, 15 de octubre de 2008

La asquerosa corrupción

La corrupción fue la gota que derramó el vaso en la última etapa del bipartidismo. Escándalos como los jeep adquiridos por el Ministerio de Relaciones Interiores de Jaime Lusinchi que fueron destinados a la dirigencia de Acción Democrática; el caso de RECADI que sirvió para enriquecer con el manejo irregular de los dólares preferenciales a varios dirigentes políticos y empresarios vinculados a los gobiernos de Luís Herrera y Lusinchi; las anomalías del sector bancario conocido como el caso del Banco Latino o la estafa a las Fuerzas Armadas Nacionales por empresarios vinculados al entorno del presidente Carlos Andrés Pérez en la repotenciación de los tanques AMX-30; fueron escándalos de corrupción que terminaron dando al traste con la credibilidad de la dirigencia del bipartidismo y su ascendencia en los sectores populares; al punto que el efecto de aquel POR AHORA del 4 de febrero de 1992, fue el claro reflejo de las ascias del pueblo de desalojar del poder, aquellos sectores que traicionaron la confianza que tiempo atrás habían depositado en ellos.

El bipartidismo y en especial Acción Democrática, encarnó por varios años el deseo de cambio y progreso de la población venezolana; expectativa que fue cambiando dado a la prédica que sosteníamos los revolucionarios de la necesidad de un cambio. De allí aquella celebre consigna "AD y COPEI es hambre, miseria y corrupción", cuestión que al comienzo no era asimilada por el pueblo, hasta que el costo de la vida, el desempleo, la inseguridad y la corrupción se hicieron mas evidentes. En la actualidad nos encontramos ante una desilusión creciente, deterioro acelerado de las condiciones de vida de la población, pero sobre todo, ante un gobierno que exhibe una asquerosa corrupción a todos los niveles.

El régimen autoritario y militarista de Chávez, se encuentra desesperado ante la próxima contienda electoral y la posibilidad cierta de perder muchas gobernaciones y alcaldías como resultado del malestar creciente hacia esta falsa revolución. Por esta razón, inventa planes de magnicidios y provoca a sus disidentes dentro de la FAN para motivar acciones que le permita justificar acciones represivas y pasar como victima ante los ojos del mundo. Esto explica la arbitraria detención del general Baduel, como figura emblemática en el país, pero sobre todo para muchos oficiales venezolanos.

Debe reconocer que muchos comentaristas políticos y dirigentes de la oposición han entendido que no deben caer en las cortinas de humo del régimen, cuestión que es positiva a la hora de focalizar los temas del debate; sin embargo, se requiere de una plataforma de lucha que concatene las luchas reivindicativas con planteamientos como el de solicitar castigo a los corruptos. Además de establecer unas líneas programáticas que unifiquen a todos los sectores descontentos y deseosos de un cambio sustancial en el país.

Ante esta nueva etapa de la lucha contra la farsa revolución dirigida por Chávez y su entorno corrupto, es necesario plantearnos la creación de instancias unitarias en cada región o ciudad, en aras de coordinar las luchas reivindicativas del pueblo a la vez de generar el debate sobre una propuesta de cambio. El reto es salir de esta farsa revolución pero sin permitir que los sectores reaccionarios de la oposición tomen la dirección del proceso, puesto que su esencia retrógrada e interés cupular los imposibilita para concretar los cambios requeridos.

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